sábado, noviembre 15, 2008

Lectura recomendada

Vivimos como si la realidad del fin fuera una ficción, lanzados al aturdimiento de ganar una permanencia a cualquier precio. Al parecer, esta paradoja ontológica en la que montamos nuestras esperanzas o desesperanzas nos pertenece, y es tan radicalmente humana que los empeños más excelsos o abominables de nuestras vidas no son sino intentos iterativos de justificar una respuesta que neutralice la vigencia de lo contingente en el dolor, la enfermedad o la muerte. ¿Es esta necesidad de legitimar todo cuanto realizamos una tarea vana? ¿Es la cultura una obra de nuestros deseos de permanencia? ¿Puede ser que las construcciones notables de la ciencia descansen en una apuesta de fe? ¿Acaso puede la razón humana dar cuenta de sí misma? Azarosa, ciega o trascendente, nuestra vida guarda un misterio, el de la dignidad posible de nuestro ser.
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